12.12.05

Entrar en un túnel

El primero lo perdió, en el segundo olvidó ponerle un sellito al pasaje –convalidare il bigletto prima di salire in treno- y el detalle le costó 25 euros. Con este tren se había propuesto hacer todo bien, porque la tercera es la vencida y nunca quiso ir por la vida contradiciendo el saber popular.

Llegó temprano a la estación, convalidó su pasaje en una de las maquinitas amarillas que ahora veía por todos lados, se ubicó con tiempo en una butaca junto a la ventanilla de un box vacío. Los pies sobre el asiento de enfrente, el libro, el agua mineral, y empezar a disfrutar de los 316 kilómetros del trayecto Firenze - Bologna .

El verde de los pequeños lotes trabajados, los viñedos, los pueblos y las estaciones casi desiertas en el mediodía de sol veraniego hicieron que deje de lado el libro que así jamás terminará de leer.
A poco de andar, en la oscuridad del primer túnel se vio en el vidrio: su reflejo le sonreía ostensiblemente. Sí, estaba contento, le había perdido el miedo a Tren Italia

La maravilla de la infinidad de túneles perforando los Apeninos lo dejó con la imagen de un queso Gruyere. Las montañas convertidas simplemente en el queso Gruyere de las comunicaciones ferroviarias. Nada detiene al progreso, pensó cuando se le taparon los oídos y al levantar la vista descubrió el interior de otro túnel.

Túnel vista de pueblito, túnel vista valle desde altura, túnel pueblito, túnel campo sembrado, túnel paisaje, túnel, paisaje, túnel, túnel, túnel. Túnel.

Entonces escuchar el murmullo del resto del pasaje. Murmullo que va creciendo, sumando otros murmullos. Murmullo que va subiendo de tono, hasta convertirse en audibles e identificables voces. Voces de las que no se puede entender con claridad lo que dicen, pero en las que sí se puede sentir la preocupación, el miedo, el terror; que sin importar el idioma suena siempre parecido.

Sentir la incomodidad de los cuerpos en los asientos, los movimientos dubitativos, al principio, las puertas de los boxes que se abren con decisión después, el intercambio de opiniones en chapuceos de italiano.

Y cuando un grupo de pasajeros se reúna y por los pasillos la emprendan hacia una de las cabeceras del ciempiés metálico, atraviesen el comedor, crucen por la primera sumando algunos empresarios, y cuando se decidan a buscar al maquinista buscando respuestas que nadie les va a dar porque no va a haber nadie, respuestas que tampoco quisieran escuchar, entonces él va a saberlo.

Y se va a quedar en su butaca, mirando lo negro de las paredes, acostumbrándose a la oscuridad, empezando a encontrar de a poco las pequeña diferencias, a distinguir matices, colores en lo negro del túnel, del oscuro y eterno túnel.



Renata Burnett
Entre Firenze y Bologna

Entrar en un túnel... y no salir más.